Foto actual del proceso de digitalización en el sector público español
La transformación digital de la administración pública lleva años en la agenda política y tecnológica. Sin embargo, en la práctica, sigue siendo un proceso desigual, fragmentado y, en muchos casos, más cercano a la digitalización superficial que a un cambio estructural real.

Desde su experiencia ponemos rumbo y foco en lo esencial: procesos, datos, cultura organizativa y cumplimiento normativo como base para una transformación sostenible.
En un contexto marcado por marcos regulatorios como las Leyes 39/2015 y 40/2015, el Esquema Nacional de Interoperabilidad (Real Decreto 4/2010), el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) o las nuevas exigencias en materia de inteligencia artificial a nivel europeo, la modernización de la administración no puede entenderse sin una visión integrada. Y ahí, la tecnología, especialmente en entornos cloud, deja de ser una herramienta aislada para convertirse en un habilitador estratégico.
Entender bien los conceptos
Sobre los centros de procesamiento de datos, Langa es contundente: “Un CPD no es una sala con ordenadores, es la infraestructura crítica de la organización”. Su caída tiene consecuencias inmediatas: “La administración se paraliza, se generan retrasos y se pierde confianza ciudadana”.
En este contexto, el cloud computing emerge como una evolución natural, pero no exenta de complejidad: “El cloud no es trasladar servidores, es un cambio completo en el modelo de funcionamiento. Permite más flexibilidad y rapidez, pero exige control del dato, seguridad y cumplimiento normativo”.
Aquí entran en juego marcos como el Esquema Nacional de Seguridad (ENS), que condicionan cómo deben desplegarse estas soluciones en la nube, especialmente cuando se trata de datos sensibles.
El modelo SaaS (Software as a Service), la opción de tener las soluciones continuadas en la nube, refuerza esta tendencia:
“Supone dejar de gestionar software para consumirlo como servicio. Simplifica la tecnología, pero obliga a adaptar procesos y organización”.
Este tipo de soluciones, cuando están bien integradas, permiten a las administraciones centrarse en el valor público en lugar de en la gestión técnica, avanzando hacia modelos más eficientes y sostenibles. En este blog venimos desarrollando diversos artículos que te ayudarán a explorar y entender en todo su alcance.
Otro concepto muy importante y destacable es la tan mencionada interoperabilidad, impulsada por el Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI).
Según apunta Langa: “Cuesta porque no es solo técnico, es cultural y organizativo”. Pero su impacto es transformador: “Cuando se logra, la administración funciona como un único sistema: se comparten datos, se evitan duplicidades y se reducen errores”.
“La tecnología ya existe; el desafío es organizativo”.
Desde Berger-Levrault nuestra apuesta por la integración y la interoperabilidad es una cuestión estructural que forma parte intrínseca del valor de nuestras soluciones. Hemos dedicado varios artículos y reflexiones avanzando dicha visión pero además, afirmando para que alcanzarlas no es una quimera sino una realidad de presente y futuro. Lee aquí nuestras conclusiones al respecto.
Las APIs y, en lo que a esta cuestión se refiere, son elementos fundamentales pues juegan aquí un papel relevante: “Son los puentes entre sistemas, pero no son la interoperabilidad en sí”.
El reto sigue siendo interno: “La tecnología ya existe; el desafío es organizativo”.

Inteligencia artificial, gobernanza del dato y el nuevo rol estratégico de la tecnología
La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes focos de atención, pero también de confusión.
“Más allá del hype, la IA aporta valor cuando resuelve problemas concretos con datos de calidad”, explica Langa. Sectores como salud, logística o servicios públicos ya muestran casos de uso reales.
Sin embargo, advierte sobre los errores más comunes:
“Hay que evitar implantar IA por moda. Lo importante es el impacto medible y el control del riesgo”.
Esto conecta directamente con las nuevas exigencias regulatorias europeas en materia de IA, que ponen el foco en la transparencia, la trazabilidad y la gestión del riesgo.
En ese sentido la FEMP y pensando en los más de 8.000 ayuntamientos españoles, ha redactado y puesto a disposición de todos una guía práctica para sentar criterio en el uso de la IA en los organismos públicos locales. Puedes leer sus reflexiones y un resumen de dicha guía aquí.
La gobernanza de la IA es, en este sentido, fundamental: “Sin un marco sólido, aparecen sesgos y falta de control”. Y el impacto trasciende lo técnico: “Sin gobernanza no hay transparencia, y sin transparencia, no hay confianza ciudadana”.
Pero todo empieza antes: en el dato.
“En muchos casos no estamos gobernando el dato, solo almacenándolo”, señala.
Esto genera problemas estructurales: decisiones erróneas, duplicidades y riesgos de seguridad. La gobernanza del dato, alineada con normativa y buenas prácticas, se convierte así en un pilar esencial para cualquier estrategia digital. También hemos reflexionado y mucho sobre la importancia del dato de su calidad y cuidado en este blog. Puedes ampliar tus conocimientos al respecto leyendo este otro artículo.
La importancia creciente de garantizar la ciberseguridad refuerza este enfoque: “El mayor riesgo está en una mala implementación y en la baja madurez organizativa”. En paralelo, la automatización sigue avanzando, aunque de forma desigual: “Se automatiza lo repetitivo, pero el mayor impacto está en procesos masivos como el cruce de datos o la detección de fraude”.
La arquitectura tecnológica también marca la diferencia: “No es solo qué construyes, sino cómo. Una buena arquitectura permite escalar, integrar y evolucionar”.
Y todo ello sin perder de vista al usuario ya que “Hay que pasar de diseñar para el expediente a diseñar para la ciudadanía”. El resultado es tangible: menos errores, mayor uso de servicios digitales y más confianza.
En este nuevo escenario, el área TIC cambia de rol. Para Langa el cambio es notable y ya lo percibimos con claridad: “Pasa de un mero soporte técnico a convertirse en un actor estratégico en la transformación”.
Conclusiones
La transformación digital del sector público no es un reto tecnológico aislado, sino un proceso complejo que combina normativa, cultura organizativa, gestión del dato y arquitectura tecnológica.
Las administraciones se enfrentan a un doble desafío: cumplir con marcos regulatorios cada vez más exigentes (ENS, ENI, leyes administrativas, regulación de IA) y, al mismo tiempo, ofrecer servicios más ágiles, eficientes y centrados en la ciudadanía.
En este contexto, la fragmentación de soluciones y la falta de integración se convierten en un freno evidente. Frente a ello, cobra especial relevancia la adopción de plataformas tecnológicas integradas, basadas en la nube, que permitan gestionar de forma unificada procesos, datos y servicios bajo criterios de seguridad, interoperabilidad y cumplimiento normativo.
La experiencia de profesionales como María Jesús Langa nos lo deja claro: la tecnología ya está disponible. El reto es cómo se implementa, cómo se gobierna y cómo se alinea con los objetivos públicos.
Avanzar hacia una administración verdaderamente digital implica, por tanto, apostar por soluciones completas, conectadas y preparadas para evolucionar. Modelos que integren cloud, dato, interoperabilidad e inteligencia artificial no como piezas aisladas, sino como parte de un mismo ecosistema.
Solo así será posible pasar del discurso a la realidad y construir una administración más eficiente, transparente y centrada en la ciudadanía.