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4 min

Gobierno del dato en la Administración Pública: cómo implantarlo paso a paso para construir una administración inteligente

Una estrategia sólida de gobierno del dato para nuestras administraciones públicas.

Sin una estrategia sólida de gobierno del dato, las administraciones públicas no podrán afrontar los retos de la inteligencia artificial, la interoperabilidad ni la toma de decisiones basada en evidencia.

El dato se ha convertido en el principal activo estratégico de las administraciones públicas del siglo XXI. Sin embargo, muchas organizaciones siguen operando con modelos heredados, donde la información está fragmentada, desactualizada o carece de calidad. Implantar un modelo de gobierno del dato ya no es una opción: es la base sobre la que construir una Administración verdaderamente inteligente.

Qué es el gobierno del dato

El gobierno del dato (Data Governance) es el conjunto de políticas, procesos, roles y tecnologías que permiten gestionar los datos como un activo estratégico, garantizando su calidad, seguridad, disponibilidad y uso eficiente.

Organismos como la OCDE (OECD) y la Comisión Europea, a través de la European Data Strategy, coinciden en que el dato es el motor de la innovación pública y un habilitador clave para mejorar los servicios al ciudadano.

En el contexto español, esta visión se alinea con iniciativas como la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) y el impulso del Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI), que establecen la necesidad de compartir y explotar datos de forma estructurada y responsable.

Sin embargo, la realidad es que muchas administraciones siguen operando con “silos de información”, lo que impide generar valor real.

 

Roles. Del CDO a una organización orientada al dato

Una estrategia de gobierno del dato no puede existir sin una estructura organizativa clara. Aquí aparece una figura fundamental: el Chief Data Officer (CDO). Según el Banco Mundial y la OCDE, el CDO es el responsable de definir la estrategia del dato, establecer estándares y asegurar su alineación con los objetivos institucionales.

Pero no basta con nombrar un CDO ya que la envergadura y el alcance de los objetivos hacen necesario desplegar un modelo completo de roles:

  • Data Owners: responsables del dato a nivel de negocio
  • Data Stewards: garantes de la calidad y consistencia
  • Data Custodians: responsables técnicos del almacenamiento y seguridad
  • Comités de gobierno del dato: para la toma de decisiones transversales

Este cambio implica evolucionar desde una organización jerárquica tradicional hacia una organización orientada al dato, donde la información fluye y se comparte.

 

AutomatizacionProcesos

 

La necesaria calidad del dato

Sin calidad, no hay gobierno del dato. Y sin gobierno del dato, no hay inteligencia, no podremos hablar de Administración Pública inteligente.

La Comisión Europea, en su Data Governance Act, insiste en que la reutilización del dato público solo es viable si este cumple criterios de calidad, integridad y fiabilidad.

Los principales problemas detectados en las administraciones públicas son:

  • Datos duplicados o inconsistentes
  • Falta de actualización
  • Ausencia de estándares comunes
  • Baja trazabilidad

Implantar calidad del dato implica definir métricas claras (completitud, exactitud, consistencia), automatizar controles y establecer procesos de mejora continua.

Aquí es donde muchas organizaciones están fallando ya que intentan construir analítica o inteligencia artificial sobre datos deficientes. En ese caso el resultado es predecible...decisiones erróneas.

 

Del dato aislado al dato compartido

El Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI) en España y el Marco Europeo de Interoperabilidad (EIF) establecen que las administraciones deben ser capaces de intercambiar información de forma segura, eficiente y estandarizada. Estamos hablando de verdadera interoperabilidad. 

La interoperabilidad que no es solo tecnológica se despliega en cuatro dimensiones:

  1. Legal: cumplimiento normativo (RGPD, reutilización de la información del sector público)
  2. Organizativa: alineación entre organismos
  3. Semántica: uso de modelos de datos comunes
  4. Técnica: integración de sistemas

Sin interoperabilidad, el ciudadano sigue siendo el “integrador manual” de la administración, aportando documentos que ya existen en otros sistemas.

Existen múltiples ejemplos que demuestran el impacto del gobierno del dato. Aquí os destacamos uno de ellos: 

  • Ayuntamiento de Barcelona: desarrollo de una estrategia de datos abiertos y gobierno del dato que ha permitido mejorar la planificación urbana y la transparencia.
 
 
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Cómo implantar el gobierno del dato

 La implantación debe abordarse de forma progresiva y estructurada:

1. Diagnóstico inicial: Evaluar el estado actual: sistemas, calidad del dato, cultura organizativa.
2. Definición de la estrategia: Alinear el gobierno del dato con los objetivos de la organización.
3. Modelo organizativo: Definir roles, responsabilidades y órganos de decisión.
4. Políticas y estándares: Establecer normas de calidad, seguridad y uso del dato.
5. Arquitectura tecnológica: Implantar plataformas que faciliten la integración, catalogación y explotación del dato.
6. Cultura del dato: Formar a los equipos y fomentar la toma de decisiones basada en datos.
 

Sin base tecnológica sólida, no hay gobierno del dato

Infraestructuras obsoletas, sistemas fragmentados y herramientas heredadas del siglo XX hacen inviable implantar un gobierno del dato real.

Tal y como advierten organismos como la FEMP y la propia Comisión Europea, la modernización tecnológica es un requisito imprescindible para abordar los retos de la digitalización y la inteligencia artificial.

 

Conclusión

El gobierno del dato no es un proyecto tecnológico, hablamos de una transformación estructural en la que el dato es un valor público.

Las administraciones que entiendan esto podrán evolucionar hacia modelos de Administración Inteligente, donde el dato permite anticiparse, optimizar recursos y ofrecer mejores servicios.

Las que no, seguirán atrapadas en modelos del siglo XX, incapaces de responder a las exigencias del presente y del futuro inminente.

 

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