Sin una estrategia sólida de gobierno del dato, las administraciones públicas no podrán afrontar los retos de la inteligencia artificial, la interoperabilidad ni la toma de decisiones basada en evidencia.
El dato se ha convertido en el principal activo estratégico de las administraciones públicas del siglo XXI. Sin embargo, muchas organizaciones siguen operando con modelos heredados, donde la información está fragmentada, desactualizada o carece de calidad. Implantar un modelo de gobierno del dato ya no es una opción: es la base sobre la que construir una Administración verdaderamente inteligente.
El gobierno del dato (Data Governance) es el conjunto de políticas, procesos, roles y tecnologías que permiten gestionar los datos como un activo estratégico, garantizando su calidad, seguridad, disponibilidad y uso eficiente.
Organismos como la OCDE (OECD) y la Comisión Europea, a través de la European Data Strategy, coinciden en que el dato es el motor de la innovación pública y un habilitador clave para mejorar los servicios al ciudadano.
En el contexto español, esta visión se alinea con iniciativas como la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) y el impulso del Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI), que establecen la necesidad de compartir y explotar datos de forma estructurada y responsable.
Sin embargo, la realidad es que muchas administraciones siguen operando con “silos de información”, lo que impide generar valor real.
Una estrategia de gobierno del dato no puede existir sin una estructura organizativa clara. Aquí aparece una figura fundamental: el Chief Data Officer (CDO). Según el Banco Mundial y la OCDE, el CDO es el responsable de definir la estrategia del dato, establecer estándares y asegurar su alineación con los objetivos institucionales.
Pero no basta con nombrar un CDO ya que la envergadura y el alcance de los objetivos hacen necesario desplegar un modelo completo de roles:
Este cambio implica evolucionar desde una organización jerárquica tradicional hacia una organización orientada al dato, donde la información fluye y se comparte.
Sin calidad, no hay gobierno del dato. Y sin gobierno del dato, no hay inteligencia, no podremos hablar de Administración Pública inteligente.
La Comisión Europea, en su Data Governance Act, insiste en que la reutilización del dato público solo es viable si este cumple criterios de calidad, integridad y fiabilidad.
Los principales problemas detectados en las administraciones públicas son:
Implantar calidad del dato implica definir métricas claras (completitud, exactitud, consistencia), automatizar controles y establecer procesos de mejora continua.
Aquí es donde muchas organizaciones están fallando ya que intentan construir analítica o inteligencia artificial sobre datos deficientes. En ese caso el resultado es predecible...decisiones erróneas.
El Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI) en España y el Marco Europeo de Interoperabilidad (EIF) establecen que las administraciones deben ser capaces de intercambiar información de forma segura, eficiente y estandarizada. Estamos hablando de verdadera interoperabilidad.
La interoperabilidad que no es solo tecnológica se despliega en cuatro dimensiones:
Sin interoperabilidad, el ciudadano sigue siendo el “integrador manual” de la administración, aportando documentos que ya existen en otros sistemas.
Existen múltiples ejemplos que demuestran el impacto del gobierno del dato. Aquí os destacamos uno de ellos:
La implantación debe abordarse de forma progresiva y estructurada:
Infraestructuras obsoletas, sistemas fragmentados y herramientas heredadas del siglo XX hacen inviable implantar un gobierno del dato real.
Tal y como advierten organismos como la FEMP y la propia Comisión Europea, la modernización tecnológica es un requisito imprescindible para abordar los retos de la digitalización y la inteligencia artificial.
ConclusiónEl gobierno del dato no es un proyecto tecnológico, hablamos de una transformación estructural en la que el dato es un valor público. Las administraciones que entiendan esto podrán evolucionar hacia modelos de Administración Inteligente, donde el dato permite anticiparse, optimizar recursos y ofrecer mejores servicios. Las que no, seguirán atrapadas en modelos del siglo XX, incapaces de responder a las exigencias del presente y del futuro inminente. |