Desde sus primeras etapas profesionales, su trabajo estuvo vinculado a la producción de información para planificar servicios y apoyar decisiones estratégicas. Esa experiencia le permitió consolidar una idea que ha guiado toda su carrera: los datos están al servicio de la sociedad y tienen un impacto directo en la vida de los ciudadanos.
Su paso por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), donde dirigió el Banco de Datos, reforzó esta visión. Allí, el dato no solo servía para medir, sino para interpretar la realidad social.
Como explica Cordero, el valor de estas fuentes no reside únicamente en su dimensión técnica, sino en su capacidad para actuar como un reflejo colectivo. En este sentido, el dato adquiere una dimensión democrática: permite comprender tendencias, anticipar necesidades y fundamentar decisiones públicas.
Durante más de catorce años como alta funcionaria europea en el ámbito de tecnologías de la información, lideró procesos de innovación y transformación organizativa. Desde esa posición, consolidó una visión clara: digitalizar no es automatizar lo existente, sino rediseñar la institución con el dato en el centro.
Esto implica utilizar la información disponible para generar nuevos servicios, mejorar la eficiencia y crear valor público.
Sin embargo, durante años esta visión no fue prioritaria. Tal y como reconoce, el trabajo con datos era poco visible dentro de las organizaciones. Hoy, en cambio, se ha convertido en un elemento central del cambio.
La actual expansión de la inteligencia artificial no es, para Cordero, un fenómeno completamente nuevo. Ya en los años ochenta trabajó con sistemas expertos, en un contexto donde el principal obstáculo no era la tecnología, sino la escasez de datos.
“El reto no son los algoritmos, sino la gestión de los datos”.
Desde su perspectiva, aplicar modelos avanzados no representa una gran dificultad técnica si existe una base de datos sólida. El problema es que muchas administraciones aún no tienen control sobre su información.
En este contexto, el uso de IA generativa para tareas como resumir o redactar documentos aporta mejoras, pero no transforma la organización. El cambio real se produce cuando la inteligencia artificial se integra en procesos clave y se alimenta de datos propios, bien gobernados.
Como resume de forma contundente:
“La tecnología acelera lo que ya existe. Si lo que existe es confuso, lo que genera es más caos, no más productividad”.
Frente a la idea de atraso generalizado, Cordero introduce una visión más matizada. España ha sido pionera en ámbitos como la firma electrónica, la digitalización tributaria o los servicios sanitarios.
El problema radica en la heterogeneidad. No todas las áreas evolucionan al mismo ritmo, lo que genera un ecosistema desigual.
A esto se suma la existencia de silos organizativos. Cada unidad gestiona sus datos de forma independiente, dificultando el aprovechamiento conjunto. Sin embargo, cuando los datos se comparten, aparecen problemas de calidad que, lejos de ser negativos, indican que se está avanzando.
Según su experiencia, es precisamente el uso lo que permite mejorar los datos.
Su etapa en el ámbito europeo le permitió observar diferentes enfoques en torno a cuestiones clave como la nube, los datos abiertos o la soberanía tecnológica.
En este contexto, la colaboración público-privada es necesaria, pero no puede sustituir el desarrollo de capacidades internas. Cordero insiste en que el tratamiento de datos es una función estructural de la Administración, no un proyecto puntual.
Por ello, considera esencial invertir en talento y formación. Sin equipos capaces de comprender y gobernar los datos, cualquier estrategia basada en inteligencia artificial corre el riesgo de generar dependencia tecnológica.
La Ley Europea de Gobernanza de Datos representa, en su opinión, una oportunidad para avanzar hacia modelos más maduros, basados en estándares, intercambio seguro de información y generación de valor público.
Abordar correctamente la gestión del dato de forma estratégica tiene consecuencias positivas y directas:
Frente a esto, propone un enfoque pragmático: empezar por utilizar los datos. Es en ese uso donde se generan las dinámicas de mejora necesarias.
La modernización del sector público no es un proceso inmediato. Requiere continuidad, aprendizaje y una visión a largo plazo.
Cordero insiste en que no se trata de avanzar rápido, sino de construir capacidades sólidas. En ámbitos como la auditoría pública, por ejemplo, las organizaciones que no integren el análisis de datos pueden quedar rezagadas frente a aquellas que ya operan con información en tiempo real.
Si tuviera que señalar una prioridad, sería clara: la inversión en talento.
La inteligencia artificial no consiste en adoptar herramientas, sino en contar con profesionales capaces de interpretar datos, formular preguntas relevantes y tomar decisiones fundamentadas.
Conclusión: el dato como columna vertebral del sector públicoLa trayectoria de Magdalena Cordero refleja una idea central: la transformación de la Administración pública no comienza con la tecnología, sino con la cultura organizativa. El dato, cuando está bien gestionado, compartido y protegido, se convierte en el elemento que articula una Administración Pública más eficiente, más transparente y orientada al ciudadano. En este nuevo escenario, la inteligencia artificial no debe entenderse como un elemento accesorio, sino como una capacidad que solo genera valor cuando se apoya en una base sólida de datos y en equipos preparados para gestionarlos. Otros referentes y grandes profesionales de lo público ya nos han hablado del valor público del dato y de su protagonismo en la nueva era de la Administración Pública. Puedes ver y escuchar a Javier Fernández- director de Transformación Digital e IA en el Principado de Asturias- que invitado a nuestro podcast Publigital, nos dejó potentes reflexiones y nos descubrió como afronta Asturias su propia transformación digital. |